Fotos de marilyn monroe con vestido blanco


Rachel Welch Foto: @therealraquelwelch 20/08/2017 08:32

  • En una España que estrenaba libertades, los desnudos empezaban a dejarse ver en las calas ibicencas. En la isla pitiusa se reinterpretó el jipismo y se parió la moda Ad Lib, con el blanco por bandera. Por allí se paseaban una duquesa de fotos de marilyn monroe con vestido blanco Alba apenada por su pérdida conyugal y una Rachel Welch superada por la fama. En Londres, mientras tanto, nacía el 'punk'.

Bajo el sol de agosto, las caras de Ibiza eran como lonchas de beicon quemadas; pero las sonrisas, brillantes como las de las truchas, recordaban a esa gente que juega a la lotería y gana. Los ejecutivos de vacaciones, intelectuales y artistas con camisa de lino despechugada y pantalones de panadero tenían el brillo de mil luciérnagas rebotando dentro de un frasco. Era 'cool' vivir desnudo, bañarse a menudo y contemplar los cuerpos flexibles en la playa. Total, que la isla era un universo paralelo cuya filosofía era dejarse llevar, pasar del despertador y adornarse con abalorios de cuero y colgantes con la diosa Tanit que se vendían en los tenderetes de Santa Eulalia. El país estrenaba libertad y los puretas tuvieron que izar bandera blanca y rendirse a golfos globales como los King Crimson, Cat Stevens, Frank Zappa, Joni Mitchell o Mike Oldfield, que recalaron por las Pitiusas y encontraron la inspiración para componer mecidos por el cálido soplo del lebeche.

Aquel verano, Mejía Godoy cantaba 'son tus perjúmenes, mujer, los que me sulibeyan' y una ola de sexo inundaba Glory's, Pacha y otros lugares de perdición donde Miguel Bosé arrasaba con 'Linda', la Carrá con 'Fiesta' y Pablo Abraira con 'Gavilán o paloma'. Canciones todas ellas que al lado del 'Give a Little Bit de Supertramp' tenían la personalidad de un vaso de papel. Y más todavía si las comparabas con la música que sonaba en la cañera sala Xaloc, en el barrio de Ses Figueretes, donde lo más suave era Ian Dury susurrando: 'Wake Up And Make Love With Me'. Hacía ya muchos siglos Diodoro Sículo había escrito que Ibiza la habitaban bárbaros de todas procedencias: era un diagnóstico, pero también una profecía involuntaria, porque llegaron los 'hippies' a la dulce barbarie del ocio perpetuo y de las galletas de marihuana en la fiesta de los tambores de Benirràs. Ibiza era una Ínsula Barataria de calas solitarias donde aquellos 'peluts' podían ver la cara de Visnú en algún cantil desde donde se atalayaba el sol cuando parecía un huevo frito y explorar la sonoridad de las cuevas cantando una canción de Janis Joplin con 'unpluggeds' de guitarra.

En las calas de Sant Antoni se veían las primeras mujeres sin sujetador y en otras más retiradas se practicaba el nudismo. Luis Buñuel estaba encantado en la isla jugando a las cartas, tomándose un 'dry martini' o enseñando a un guiri beber en botijo. A veces iba a un pequeño teatro de marionetas de la calle Santa María a ver a una sirena con voz de chirimía que emergía de un mar de cartón. Aquel genio surrealista acababa de rodar 'Ese oscuro objeto de deseo' con la ibicenca de adopción Ángela Molina, tenía 21 años y no había olvidado sus temporadas de adolescente en la isla, cuando pintaba cuadritos con barcos de vela que vendía a los turistas. Por entonces conoció al fotógrafo francés Hervé Timarché, 10 años mayor que ella, y se lo dieron todo en una noche de playa y luna llena. Aquel verano, en el puerto, el pintor Ramón Jesús Vicens dibujó a Ángela junto a un podenco que se llamaba 'Zorba'.

Foto: GTRESONLINE Cayetana de Alba fumando.

Hacía cinco años que Cayetana de Alba había enviudado y le pesaba la vida. El 4 de julio, en Marbella, su hijo Alfonso se casó con María Hohenlohe ante 800 invitados. La duquesa primero puso morros a esa boda, después puso mar de por medio y se largó a Ibiza. Allí podía pasear tranquilamente por la Marina y comprarse en los mercadillos unos calcetines de lana de Formentera. Le sacaron unas fotos en biquini y la criticaron, pero se consoló con un conde alemán que la invitó a Múnich. El 'flirt' no duró mucho y la prensa le atribuyó otros noviazgos con toreros como Antonio Ordóñez, Mondeño y Manolo González, y actores como Arturo Fernández o Paco Rabal. Pero quien de verdad la rondaba era el cura Aguirre, que ya no era cura. Se conocieron en la casa de Marbella de los duques de Arión y el resto ya es carne de sátira. El lema de Cayetana era "vive y deja vivir", por eso le gustaba Ibiza, bañarse en Cala Bassa, beber una cerveza helada y escuchar a los Beatles en un chiringo donde leía al poeta Isidor Macabich, de uno de cuyos poemas salió el nombre de S'Aufabaguera (La Albahaca en ibicenco), la casa que acabaría construyendo entre los pinos de Cala Salada. Los ibicencos decían que aquella aristócrata que sumaba más de 40 títulos no era muy exigente porque se conformaba con la sencilla exquisitez del 'bullit de peix' en un restaurante cerca del puerto que se llamaba Celler.

Estaba de moda ser hippy y a la duquesa pasota le gustaban las estéticas desgalichadas. Se acercaba a la tienda del diseñador Luis Ferrer en la Marina y se llevaba una falda tobillera de blonda y medio transparente. Era la moda Ad Lib, del latín "ad libitum", o sea, a discreción: viste como quieras, pero estilosa. Se decretó el color blanco y las enaguas que usaban antiguamente las payesas se sacaron al exterior como símbolo de liberación; las transparencias del algodón, el ganchillo y los encajes se completaron con sombreros de paja, alpargatas o sandalias de tiras y un montón de abalorios. La principal 'influencer' de aquel 'revival' era Smilja Mihailovitch, una francesa de origen serbio que se hacía llamar princesa y tenía el carácter de una hormigonera. Su biografía estaba embozada en el mismo misterio que el asesinato a golpes de máquina de escribir de Ingeborg Schaefer, la viuda de Frank 'El Punto', un nazi que se afincó en Ibiza para pintar lienzos expresionistas.

Fotograma de la película 'Hace un millón de años' con la actriz Rachel Welch.

Cayetana coincidió en la isla con una divorciada Raquel Welch, a la que llamaban 'El cuerpo' desde que, en 'Hace un millón de años', salió con un biquini paleolítico de infarto que resaltaba su carrocería de multinacional a pesar de medir 1,65. Acababa de rodar 'El animal' con Jean Paul Belmondo y a sus 37 años ya no era exactamente la 'pin-up girl' que hacía una década había encarnado la lujuria en una comedia de Dudley Moore. Aunque estaba tan de toma pan y moja como cuando había dejado estupefactos a Dalí, que convirtió sus curvas en abstracción sobre lienzo con aceite y carboncillo, y a Elvis cuando trabajó con él en un papel de colegiala en la película musical 'El trotamundos'. La Welch vivía su estatuto de símbolo sexual como la condena de un convicto y se relajaba en la playa dejando que la arena caracoleara entre sus dedos mientras la sombra de su pecho invitaba a la lascivia. Las tetas de Raquel eran la fantasía universal con mucho más rigor que el imaginario de Walt Disney.

La vida -la vida de verdad- florecía de día en los primeros 'beach clubs' y de noche en las discotecas petadas de tías buenas y chicos malos. Bailar se había bailado siempre y en todas partes, pero cuando aquel verano John Badham estrenó en los cines 'Saturday Night Fever', John Travolta inmortalizó al chulo de discoteca Tony Manero con pantalón de campana, camisa de cuello grande y almidonado y pasión por la música disco, un estilo surgido de los ritmos negros que lo contagió todo y acabó por desencadenar una reacción social en su contra. El 'rock' tuvo su propio eslogan: "La música disco apesta". Era lo que sugerían Sid Vicious y sus Sex Pistols, el grupo londinense de punk que, según decían ellos mismos, era "la única banda honesta en pisar este planeta en unos 2.000 millones de años". Aquel verano Johnny Rotten aullaba: "Soy un anticristo" o "¡destruye!" y proponía un 'rock' sucio y furioso como arma de destrucción masiva. Tanto que un concejal de Londres declaró: "Sex Pistols son increíblemente nauseabundos, la antítesis de la humanidad. Que alguien cave un agujero muy profundo y meta dentro a toda esa maldita gente". A principios del verano la compañía discográfica fletó un barco para que los Pistols tocaran frente a Westminster y el Parlamento navegando por el Támesis. Era una burla a la procesión prevista por la Reina para dos días después y acabó como el rosario de la aurora cuando lanchas de policía obligaron al barco a atracar y detuvieron a la banda ante la perplejidad de Rotten: "No lo entiendo, lo único que intentamos hacer es destruirlo todo". Aquellos gamberros eran de un nihilista que te mueres. Sid Vicious salía con Nancy Spungen, antigua prostituta en Nueva York y yonqui emocionalmente perturbada que lo introdujo en la heroína que lo llevó a la tumba.

Sid Vicious

La muerte se llevó en agosto a Antonio Machín, Elvis Presley y Groucho Marx. El último día del verano, mientras en el Père-Lachaise de París incineraban a Maria Callas, un espeluznante temporal azotó Ibiza durante todo el día y la noche. Entre pinares, al borde de caminos perdidos, enloquecieron los molinos de viento junto a playas desiertas y algunos turistas fueron arrastrados en sus coches mar adentro. La fuerte riada rompió los muros de la factoría de Butano y el puerto amaneció cubierto de bombonas. En la isla donde nadie era nada si no se fumaba un canuto, el estado salvaje era una moral y a la naturaleza le dio por salirse de madre.

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