Fotos del golden gate de san francisco

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“Si vas a San Francisco asegúrate de llevar algunas flores en el pelo.

Si vas a San Francisco el verano será una celebración del amor”

Este famoso  dio comienzo al Verano del amor, una concentración de jóvenes melenudos que en 1967 convirtieron San Francisco en la capital de una nueva contracultura basada en la libertad y el pacifismo: el movimiento hippie. Este evento marcó definitivamente el carácter de una ciudad francisco que aun hoy sigue siendo conocida por su liberalismo y progresismo. Nosotros llegamos sin flores, como mucho llevábamos alguna rama o hoja seca enredada después de, a apenas tres horas de aquí.

La calle Lombard, el Golden Gate o la cárcel de Alcatraz son algunos de sus muchos reclamos, pero nosotros tan solo disponíamos de tres días para descubrirlos ya que la fecha del siguiente vuelo empezaba a acercarse, así que planificamos un recorrido para aprovechar al máximo el tiempo y no dejarnos ninguno de los imprescindibles.

Golden Gate, San Francisco

Pagamos la novatada

Era ya bien entrada la noche cuando llegamos por la Highway 80 y cruzamos la bahía de San Francisco a través del Okland Bay Bridge, el Puente de la Bahía. Tened en cuenta que para pasar en dirección oeste hay que pagar 4$ de peaje. Una vez en la ciudad dimos unas cuantas vueltas hasta que encontramos el hostel y luego unas cuantas más hasta que encontramos un hueco para aparcar. En el parquímetro leímos que hasta las 7 de la mañana podíamos dejarlo gratuitamente, así que nos fuimos tranquilos pensando que ya nos levantaríamos al día siguiente para cambiarlo de sitio. Pero para nuestra sorpresa y mosqueo cuando Alexandra bajó por la mañana a moverlo se encontró con una receta enganchada al parabrisas: 66$ por aparcar donde no tocaba. ¿Pero de qué iba eso? Pues resulta que en San Francisco, como en otras grandes ciudades, hay uno o dos días a la semana designados como “Días de limpieza” y durante los cuáles, a ciertas horas, hay que retirar el coche. La única manera de saber cuando tocará es buscando los postes donde se especifica y que pueden estar a cualquier altura de la calle.

Buscad estas señales: pueden marcar la diferencia entre tener 66 $ de más o de menos

Atentos a estas señales: pueden marcar la diferencia entre tener 66$ de más o de menos en vuestra cartera

Día 1

El hostal estaba bien situado y tras un paseo de cinco minutos llegamos a , donde nos sorprendimos, como ya nos había pasado en Seattle, por la gran cantidad de sin techo que uno encuentra en calles tan céntricas y concurridas como esta. Moviéndonos por este arteria llegamos a , plaza alrededor de la cual se concentran un gran número de tiendas de lujo y de galerías comerciales, y desandamos el camino hasta la . Está dedicada a este organismo internacional para recordar que fue en esta ciudad donde en 1945 se redactó y ratificó su carta fundacional.

Un poco más adelante llegamos a la plaza del, escenario de las mayores fiestas de la ciudad como el desfile del orgullo gay, y que se extiende frente el edificio del

Plaza de las Naciones Unidas con el Ayuntamiento al fondo, San Francisco

Plaza de las Naciones Unidas con el Ayuntamiento al fondo

Desde aquí empezamos a ver y a sufrir uno de los clásicos de la ciudad: las cuestas. Es muy fácil planificar sobre el mapa, pero no lo es tanto cuando toca subir por calles así.Trepamos con calma hasta el, un punto muy recomendable desde donde se pueden observar las Señoras Pintadas, las famosas casa victorianas de colores que se han convertido en una de las típicas imágenes de las postales de San Francisco. Si no hay bruma hay unas buenas vistas sobre la ciudad.

Alamo Square, San Francisco

La plaza de Alamo Square donde está prohibido que los perros lleven correa

Vista de Las Señoras Pintadas desde Alamo Square, San Francisco

Vista de Las Señoras Pintadas desde el parque de Alamo Square

Como ya habíamos subido, tocaba bajar y dejarnos llevar cuesta abajo hasta Haight-Ashbury, epicentro del movimiento hippie en los 60. Si uno pasea por las calles adyacentes a la, verá que este distrito se ha recuperado muy bien de los años de decadencia que sufrió después del Verano del Amor provocados, principalmente, por el alto índice de consumo de drogas en el vecindario. Es que ya me dirás tu como se monta una reunión de vecinos cuando todos van puestos de LSD. Pero bueno, que el barrio se ha recuperado muy bien y hoy en día comprarse una casa unifamiliar aquí cuesta alrededor de un millón de dólares.

La cuestión es que si venís aquí buscando un hito de la contracultura os llevaréis una decepción, pero si lo que queréis son pendientes de plumas, lámparas tibetanas, mallas multicolores, camisetas psicodélicas o pipas de cristal este es vuestro lugar. Yerba Buena fue el nombre original que los españoles le dieron a San Francisco en el siglo XVIII y después de pasear por aquí y oler el ambientillo uno piensa que quizás se tuviera que recuperar esta nomenclatura.

Haight-Asbury, San Francisco

Para acabar nos alcanzamos hasta el, el famoso barrio gay de San Francisco. Uno de sus vecinos más conocidos fue, gran defensor de los derechos de los homosexuales y el primer representante político de los Estados Unidos que se declaró abiertamente gay y al que quizás conozcáis por la película protagonizada por . A día de hoy este barrio sigue siendo una referencia de los movimientos por los derechos de las lesbianas, gays, bisexuales y transexuales.

The Castro, San Francisco

Uno de los edificios más emblemáticos del barrio es el Teatro Castro

En las aceras de la calle Castro encontramos placas conmemorativas dedicadas a personajes relevantes homosexuales, entre ellas una dedicada al  gran poeta granadino Federico García Lorca.

Placa dedicada a Federico García Lorca en el Castro, San Francisco

 

Día 2

Empezamos de nuevo en Market Street y esta vez nos dirigimos hasta la estación del tranvía para montarnos en el vehículo más famoso de la ciudad. Un viaje sencillo cuesta nada menos que 6$, pero si tenéis pensado coger otros transportes públicos podéis comprar aquí mismo el 1-Day Passport por 17$, para 3 días por 26$ o el de 7 por 35$.

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Parada del tranvía en Market Street, San Francisco

Parada del tranvía de Market Street

A bordo de uno de estos recordamos esa entre y en , en la que el escocés estrella su Hummer contra uno de los tranvías y lo hace descarrilar. Nuestro viaje fue bastante más apacible y disfrutamos de buenas vistas sobre algunas de las calles más inclinadas de la ciudad.

El tranvía de San Francisco

Bajamos en la parada de, para echarle un ojo a la famosa calle que presume de sus 27 grados de inclinación. La verdad es que mucha gente cree que esta es la más empinada de la ciudad, pero este mérito le pertenece a la , entre las calles HydeLeavenworth y a sus 31,5 grados. Lo que realmente hace única a esta calle es  su trazado sinuoso tan característico.

Lombard Street, San Francisco

De allí fuimos, cuesta arriba,  hasta la Coit Tower. Esta construcción de 63 metros se construyó  en 1933 gracias a la donación de Lillie Hitchcock Coit, quien a su muerte cedió un tercio de su fortuna con la única finalidad de “embellecer la ciudad”. Esta señora de la alta sociedad fue toda una excéntrica en su época: fumaba y llevaba pantalones. Subir hasta la parte superior de la construcción cuesta 8$, pero también se puede entrar a la planta baja y contemplar algunos de los murales que narran el desarrollo industrial de la ciudad.

Coit Tower, San Francisco

Para las 11 de la mañana habíamos reservado la entrada para visitar la famosa cárcel de Alcatraz. Los billetes pueden comprarse en el Pier 33, lugar de donde salen los barcos, o. A pesar de que La Roca es un Parque Nacional, el transporte en barco está cedido a una concesionaria y, por lo tanto, el no se puede utilizar aquí. Llegar hasta la isla es un paseo muy bonito y si la niebla lo permite gozaréis de unas vistas inmejorables sobre el skyline de San Francisco y de los puentes que conectan la península.

Isla de Alcatraz, San Francisco

Le dedicamos unas cuatro horas para explorar el lugar con tranquilidad. Nada más llegar nos unimos a uno de los tours guiados y gratuitos que parten desde el mismo muelle y que de la mano de uno de los trabajadores del parque te permitirá conocer algunas de las historias del islote. Los tours son temáticos: con el que nosotros hicimos recorrimos el perímetro de la isla, pero también los había para visitar el interior. Temas y horarios los podréis consultar en unas pizarras en el embarcadero o podéis preguntárselo directamente a algún ranger. Para el interior del penal cogimos las audioguías, disponibles en castellano. Fue toda una experiencia y os la recomendamos muchísimo, así que cuando tengamos la oportunidad le dedicaremos una entrada en exclusiva que se lo merece.

Interior de la cárcel de Alcatraz, San Francisco

De vuelta a tierra firme paseamos por el distrito costero Fisherman’s Wharf hasta llegar al famoso Pier 39 donde hay una gran cantidad de restaurantes, varios museos, el Acuario de la bahía y otras atracciones. Un lugar muy concurrido por los turistas, pero divertido de descubrir y de recorrer.

Piert 39 en el distrito Fisherman's Wharf, San Francisco

Paseando por el Pier 39 podéis contemplar, allá arriba de la colina, la Coit Tower

Los más famosos de este barrio son los leones marinos que viven aquí de forma permanente. La cuestión es que fuera de la bahía abundan los tiburones y los animales, que de tontos no tienen nada, han aprendido que aquí cerca del muelle están mucho más seguros que en aguas abiertas. La mayor parte del tiempo lo pasan tumbados dormitando y solo se activan para ir a pescar o para amenazar al compañero listo que intenta arrebatarles el lugar de descanso.

Los famosos leones marinos del Pier 39, San Francisco

Día 3

Para el último día en la ciudad nos había reservado el que quizás sea el icono más reconocible de la ciudad y uno de los puentes más famosos del mundo: el Golden Gate.

Golden Gate, San Francisco

Vistas desde la Hawk Hill

Este puente suspendido fue construido en plena crisis económica de los años 30 y fue una demostración al país de como San Francisco había capeado con éxito la maltrecha situación. Sus 1,2 kilómetros de largo hacen que pintarlo de su característico color sea un reto ya que cuando se llega a un extremo y se está a punto de finalizar la obra, la oxidación ya ha empezado a hacer mella en la otra punta y, por lo tanto, nunca está completamente pintado. A pesar de ser una imagen tan sugerente resulta que es el lugar del mundo donde se cometen más suicidios. Para conseguir buenas vistas sobre él habrá que cruzarlo y subir por la Conzelman Road hasta la desde donde se consiguen unas magníficas vistas. Otra opción es desviarnos hacia la derecha y alcanzarnos a la Horseshoe Bay desde donde también hay un mirador.

Golden Gate, San Francisco

Vistas desde el muelle de Horseshoe Bay

Después de esto nos encaminamos hacia el sur para volver a Los Ángeles, pero antes de llegar a la ciudad aun nos quedaba por descubrir una de las partes más bonitas de California, el Big Sur.

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